En 2017 celebramos el
IVº Centenario del nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo, pintor sevillano del barroco español, del que todos conocemos su predilección por pintar preciosos querubines y otras obras de carácter religioso, pero del que muy poco sabemos de su biografía.
Es por eso, que me apetecía mucho leer este libro de Eva Díaz, pues la pintura es otra de las cosas que me fascinan, y profundizar en el maestro sevillano me llamaba la atención.
La novela está formada por
tres partes, cada una de ellas dividida en diferentes capítulos, con un total de 42 de ellos. Está escrita en
tercera persona.
Eva Díaz nos ofrece una
narración calmada y descriptiva, necesaria para conducir la novela poniendo los cinco sentidos y mantener al lector con la curiosidad deseada.
La ciudad de Sevilla está perfectamente reflejada en la época, una ciudad esplendorosa y devota, en gran apogeo gracias al comercio con las Américas, pero que entra en un periodo de decadencia marcado por el deterioro del cauce del rio Guadalquivir, y por las graves inundaciones que padece y la horrible epidemia de peste de 1649 que la sume en la hambruna, potenciando a Cádiz como nuevo referente. Pasearemos por las calles sevillanas como Sierpes, sus monumentos e iglesias, así como por la emblemática Giralda y la barriada de Triana que estaba en los arrabales.
La novela comienza con un
Bartolomé Murillo ya con edad avanzada, que pintando los Desposorios de Santa Catalina, sufre una caída del andamio, que le provoca una quebradura y lo mantendrá en el más absoluto reposo durante tiempo.
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| Los desposorios de Santa Catalina, de Murillo |
Desde este punto de partida, la narración irá hacia el pasado haciendo flashbacks, y volverá al presente, descubriéndonos muchas partes desconocidas de la biografía de Murillo.
Conoceremos a su esposa, Beatriz, con la que tuvo 10 hijos, de los cuales algunos murieron por las epidemias de peste u otros motivos, pero que
Murillo dejó inmortalizados en muchos de sus cuadros. (os sorprenderá descubrir quién se esconde detrás de su fabulosa pintura de Santa Catalina).
Su arte cruzó fronteras y fue
muy querido en las Américas, y muy admirado en flandes.
Las
pinturas de Tintoretto y Tiziano influyeron en la manera de pintar del maestro Murillo.
Aunque no está documentado,
la autora nos narra un encuentro y una cena con Velázquez y su esposa. Los dos genios sevillanos confluyen en esta ficción histórica, que nos hubiese encantado que fuese real, donde Velázquez aconseja a Murillo que debe trascender los asuntos religiosos de sus obras para reflejar otra temática, y le confiesa que su mejor obra es "La expulsión de los moriscos", un ingenio por parte de la autora, ya que la obra se quemó en el incendio del Real Alcázar en 1734 y no hay copia conocida, por lo que su contenido es una incógnita en la actualidad
Murillo pintó sobretodo
grandes iconografías religiosas, magníficos ángeles, como ningún otro pintor español, pero también tuvo una época donde plasmo
imágenes costumbristas,
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| Niño espulgándose, de Murillo |
Fundó la Academia de Pintura de Sevilla en la Casa Lonja de Mercaderes y enseñó a Rodrigo de Salazar.
Pero además de aprender cosas sobre Murillo, la novela nos narra una
trama con más intriga, y con asuntos turbios que pueden afectar a nuestro pintor, y que deberéis descubrir leyendo la novela.
Para los amantes de la pintura y la lectura, El color de los ángeles nos ofrece una visión más amplia de la vida y obra de Murillo, y una trama escabrosa en la que se verá envuelto. Un merecido homenaje al pintor sevillano.